La principal razón por la que me hacía ilusión ser el guía del viaje de Agosto al Amazonas, era por reencontrarme con Jordi “Lo Peix”. Desde que compartimos unas cuantas aventuras por aquellas tierras (y aguas) hace ya algunos años, no lo había vuelto a ver. Nos habíamos ido escribiendo de tanto en tanto, pero claro está, nunca es lo mismo aunque la esencia está siempre allí.
Dada la capacidad del barco (diez personas máximo) el grupo no podía ser demasiado grande. Incluso así, y de manera un tanto sorprendente por tratarse del mes de Agosto, fueron siete más el aquí escribiente. Curioso. Aunque más curioso fue ver que por primera vez en un viaje con Banoa, no había ningún catalán en el grupo. Y descarto como tal a Maite ya que ella lo es de adopción, como solía decir.
El viaje hasta Manaus, un palo, para que nos vamos a engañar. Todo lo que sea meterse en un avión y estar x+y horas elevado a n, dejan molido a cualquiera. En especial a los que no solemos dormir mucho en vuelos transoceánicos. Sí, alguna cabezadita cae, pero nada consistente.
Tras llegar a la capital del Amazonas y pasar la primera noche en un hotelito del centro, a la mañana siguiente nos embarcamos en el “Lo Peix” con la intención de navegar durante casi dos semanas por el Río Solimoes y sobre todo por el Río Negro, el objetivo real del viaje.
Así de entrada, lo que más expectante me tenía era ver la reacción del grupo a un viaje de ese tipo, en el que sin dar rodeos, se trataba de un Gran Hermano a la amazonense. Veinticuatro horas todos juntos es un espacio relativamente pequeño. Poca broma. Sí es cierto que estaba la cubierta inferior y la superior, y si mucho me apuras la bodega, pero si alguien se cruzaba de verdad por algún motivo, lo mejor que podía hacer era nominarse él mismo y saltar directamente por la borda. Claro que… en un lugar así es para pensárselo dos veces, ¿no?
Desde el primer día el grupo fue de lo más agradable, y aunque uno pueda pensar que es algo lógico al tratarse del inicio del viaje, por suerte el buen rollo continuó hasta el final. El cachondeo que se liaba cada día en aquel barco con cualquier excusa, valió la pena. Todos, a excepción de uno de los pax, disfrutaron de cada instante como pocas veces había visto en un grupo. Supongo que el hecho de estar haciendo casi en exclusiva un viaje como ese, que incluso por su cuenta podía ser hasta más costoso, lo valía todo.
El lago Janaruaca, el Encontro das Aguas, el Lago Januaca, la Playa do Tupe, la Ensenada Tucumá, el Archipiélago das Anavilhanas, el Río Culleras, el Igarapé de la Capoeira , Novo Airao y el baño con los votos, la Caverna del indio Madada, el Igarapé Acara Barú, el Igarapé Acú, etc. Cumplieron las expectativas de todos los allí presentes. Pero claro está, a todo esto hay que añadir la atención que tuvimos a bordo en todo momento. Sencillamente genial. Selma y Vao en la cocina, Jordi como capitán de la nao y guía en algunas excursiones, Mauricio como marinero y Mario en el papel de Cocodrilo Dundee, estuvieron a la altura de todo.
Uno puede pensar que un viaje así puede ser un tanto sufrido en ciertos aspectos. Selva, mosquitos, pirañas, anacondas, calor, etc. Es cierto que hay un poco de todo esto, pero no nos vamos a engañar, si hay que sufrir se sufre, pero lo justo, no nos pasemos que esto no es Supervivientes.
Tras el paso por el Amazonas, el viaje quedó completado con la visita a algunas de las Cachoeiras de Presidente Figueiredo y la traca final de Salvador. Música, sol, playa, y cuerpazos, vaya que sí. Y si no que se lo pregunten al sector femenino del grupo. Solo faltaba Irene.
De todas maneras, una de las imágenes que más me viene a la cabeza a la hora de recordar este viaje es la de la gente sentada en la cubierta superior viendo el magnífico paisaje del Río Negro, cervecita en mano, música para bailar y una ducha para apaciguar el calor. Es cierto que tengo muchas más, pero esta es la primera que me viene.
De todas maneras, creo que es bueno completar la lista de momentos del viaje utilizando el e-mail que recibí el otro día de Rosa, una chiquilla de lo más simpática que si algo tuvo, fue una sonrisa para todo… al igual que el resto de personal, vaya por delante. Ahí va la lista que elaboró junto a la incombustible Josune. Vaya peligro las dos juntas.
N.1.- Momento capoeira en Salvador de Bahía. Al parecer había un tiparraco de esos que quitan el hipo a las chicas haciendo Capoeira, que a punto estuvo de denunciarlas a ellas y a otras cuarenta, por acoso e intimidación con cámara fotográfica. No dejaron una sola parte de su cuerpo sin retratar. Y yo con el mocho detrás.
N.2.- Juanma enviándome un mensaje encriptado después de una resaca en la que se leía: “Ya interé oui”, o lo que es lo mismo “Ya intentaré ir”.
N.3.- Estando en una canoa en medio del río pescando pirañas, aislados de todo y de todos, Fernando se empieza a agobiar y suelta: “Yo pesco una piraña más y me voy". ¿A dónde?
N.4.- Incomprensiblemente, la canoa en la que iban Tello, María, Maite y Rosa naufraga junto al barco nada más llegar de una excursión. Al parecer el capitán Tello dio la orden de remar y todo el personal desplazó el remo y el culo hacia el mismo lado. Consecuencia: todos al agua y la canoa casi al fondo.
N.5.- Juanma echándose desodorante en la selva antes de ir a dormir. ¿Para qué? Pues está claro, para atraer a los mosquitos. Unos los repelen y otros los atraen.
N.6.- Preparándonos para pasar una noche en la selva durmiendo en hamacas colgadas de los árboles, Juanma no ve muy claro el tema y suelta: "¿En la selva ya están puestos los ganchos para colocar las hamacas?". Lamentablemente a esa especie de árboles no les crecían los ganchos de manera natural, así que optamos por sujetar las hamacas con unas cuerdas alrededor.
N.7.- De nuevo Juanma, pero ésta vez echando de menos unos buenos doritos y/o patatas Lays...". Que va a ser que no, aunque nunca se sabe.
N.8.- Momento María y sus bailes en el Pelourinho. Para más detalles hay que contactar con Rosa y Josune. Por algo lo dirán.
N.9.- Los ronquidos de la segunda noche en la selva de... no se sabe quién. Allí no se acercó ni el jaguar". A esto hay que añadir los de la primera noche, de sí se sabe quién, y las vueltas, revueltas, idas y venidas de Maite en su hamaca dando golpes a todo cuando dormía. Para Jiménez del Oso queda el enigma de cómo es posible moverse tanto en tan poco espacio.
N.10.- Las fotos que Juanma se hizo en la Isla de Itaparica son para buscarlas sí o sí por internet. Desde el posado de verano de Ana Obregón en Ibiza, no habíamos visto nada igual. Un diez.
N.11.- La caída con tirabuzón incluido de Tello desde su hamaca el segundo día de selva, no pueden olvidarse. Aún tiene el coscorrón.
N.12.- Aunque este punto tiene sus matices, hay que ponerlo. La recolección que hice de semillas y hojas por todo el Amazonas junto con Maite fue algo memorable. Parecíamos dos biopiratas recogiendo todo cuanto se ponía ante nuestros ojos. Tras cada excursión luego trapicheábamos entre nosotros con la mercancía. Y ya puestos, hay que citar las compras en Salvador. Suerte que cuando llegamos de Itaparica ya estaban cerrando el Mercado Modelo, que sino... me llevo hasta los porticones.
N.13.- En una de las múltiples idas y venidas de Maite por la canoa (recordemos que a pesar del poco espacio todo es posible) por poco no cae al agua, a lo que Mario suelta con todo su cariño: “Esta mona macaco tepui”.
N.14.- En el vuelo de regreso había que oír para creer la vocecilla que tenía una de las azafatas. Por un momento hasta me giré a ver si veía por el suelo al lindo gatito.
N.15.- El momento Rosa cambiándose de ropa en mitad de la calle de un pueblo tapada por pareo y con Maite montando guardia, no lo viví, o sí, no me acuerdo. Si es el que vimos en la playa de Itaparica tiene tela, sino, me imagino que fue en la línea.
A pesar de que la lista oficial se acaba aquí, aún hay algunos más que hay que destacar:
N.16.- Después de los baños en el río, lo más complicado era volver a subir al barco utilizando la canoa que había junto a él. Para hacerlo había dos modalidades: la difícil y digna, o la fácil y humillante. En uno de los baños Maite optó por una combinación de las dos y tomó la difícil con posición humillante. Si no la sacamos de allí a tiempo se la comen las pirañas atraídas por las risas.
N.17.- A vueltas con Maite. En una de las primeras expediciones nocturnas en busca de jacarés (caimanes) le faltó tiempo para desobedecer las órdenes del capitán de no mover el culo del asiento en ningún caso. En cuanto Mario sacó la mano del agua y se giró con el “bisho” en la mano, el salto que dio no tiene nada que envidiar a los que da Pau Gasol.
Posiblemente haya más momentos que ahora no recordamos, pero bueno, el día que nos reencontremos ya saldrán otra vez. Los que se pueden decir, y los que no. Como en todos los viajes.
miércoles 9 de septiembre de 2009
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

